El inicio de un nuevo año trae consigo una atmósfera de renovación ineludible. Miramos atrás para evaluar lo construido y miramos adelante para trazar los planos de lo porvenir. En nuestras Logias, y bajo la rigurosidad del Ritual de Emulación que nos caracteriza, este ciclo coincide con la renovación de nuestros Cuadros Logiales, un momento cargado de profundo simbolismo que va mucho más allá de una simple elección administrativa o un trámite estatutario.
Es el instante en que el tiempo se detiene para recordarnos que la Masonería es un organismo vivo, que respira a través de la alternancia.
La Silla de Salomón es un préstamo
Una de las lecciones más hermosas que ofrece la Masonería, tanto a sus miembros como a la sociedad profana, es la rotación del poder. En un mundo donde el liderazgo a menudo se confunde con la propiedad, el ego y el vitaliciado, la Logia nos enseña que la autoridad es, ante todo, un servicio temporal.
Quien empuña el Mazo sabe —o debería aprender rápidamente— que esa autoridad no le pertenece a él como individuo, sino al cargo que ostenta. La Silla de Salomón se ocupa en calidad de préstamo; se cuida, se honra y, llegado el momento exacto, se entrega. Entender que somos transitorios es el primer paso para gobernar con sabiduría, rectitud y desapego.
El Peso del Collarín: Más que un Adorno
A menudo, desde las columnas, las joyas de los oficiales pueden parecer distinciones de honor. Y lo son. Pero para quien las porta, estas deben sentirse pesadas. Cada collarín representa una carga de responsabilidad hacia los Hermanos.
El nuevo Venerable Maestro y su oficialidad no asumen un privilegio, sino un deber: el de ser los primeros en llegar y los últimos en irse; el de mantener la armonía cuando el caos amenaza; y el de instruir con el ejemplo más que con la palabra. Este 2026 exigirá de la nueva oficialidad no sólo la precisión ritualística que exige Emulación, sino una inmensa capacidad de empatía y gestión humana.
El Rol del Pasado Maestro Inmediato: Luz sin Sombra
Por otro lado, cuando el Venerable Maestro entrega el cargo, no pasa al retiro ni al olvido. Por el contrario, asume una de las responsabilidades más delicadas: la de ser consejero. La transición del liderazgo requiere la madurez de saber estar presente para apoyar a la nueva oficialidad, pero con la prudencia de no hacer sombra a quien ahora dirige los trabajos.
Es en este acto de entrega donde se demuestra la verdadera talla del masón. Saber volver a la columna o al sitial de Pasado Maestro con la misma humildad con la que se dirigió la Logia es la prueba final de que la piedra bruta ha sido debidamente trabajada durante su gestión.
Una lección para los aprendices
Para los Hermanos que ocupan la columna del norte, este cambio de ciclo es su primera gran lección de gobernanza. Observen bien este proceso. La Buena Vista N° 116 no se reinventa cada año; continúa. Ustedes son los eslabones que, en el futuro, sostendrán estos mismos mazos. La forma en que hoy apoyan a sus nuevos oficiales será la semilla de cómo serán apoyados ustedes mañana.
La Institución Permanece
Hemos visto pasar por este Oriente a hombres ilustres, trabajadores incansables y hermanos dedicados. Los nombres cambian, los rostros envejecen, pero los principios permanecen inalterables.
Este año nos invita a recordar que la fuerza de nuestra Logia no reside en un solo hombre, sino en la cadena de unión que formamos todos. El éxito de la nueva administración será el éxito de todos, y el deber de sostenerla recae en cada uno de los hermanos, desde el Aprendiz Entrado más reciente hasta el Maestro Masón más antiguo.
Que el Gran Arquitecto del Universo ilumine a quienes asumen nuevas responsabilidades y otorgue la satisfacción del deber cumplido a quienes entregan sus herramientas. Al final, el mazo cambia de mano, pero el trabajo de construcción es eterno.
La fuerza de la Logia reside en la unión de sus columnas. Te invitamos a dejar en los comentarios un mensaje de aliento o un consejo para los Hermanos que asumen la responsabilidad de guiar nuestros trabajos en este nuevo periodo. ¡Tu palabra fortalece nuestra cadena!