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Viernes, 23 de enero de 2026

La Verdadera Arquitectura de una Logia

Editorial
Viernes, 23 de enero de 2026

La Verdadera Arquitectura de una Logia

Una reflexión sobre el esfuerzo invisible de quienes nos sostienen como Organización


Por: Editorial

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Hay una arquitectura en nuestras Logias que no aparece en los planos ni se estudia en los manuales. Es una estructura invisible, levantada no con mármol o madera noble, sino con el peso del cansancio llevado en el más absoluto de los silencios. Es ese trabajo que no brilla, que no busca el resplandor de las velas ni la satisfacción de una ceremonia solemne. Al contrario: es la labor discreta que ocurre cuando la mayoría ya se ha ido a casa, esa que nadie nota mientras se hace, pero que se siente como un vacío cuando, por alguna razón, deja de hacerse.

La salud de una Logia no descansa en sus discursos rimbombantes, sino en las manos de esos pocos hermanos que han entendido que querer a la Logia es, simplemente, servirla. Son los que llegan una hora antes, cargando todavía con el peso de su propia jornada laboral, con la mente dividida entre las preocupaciones de la oficina y el deseo de que el Templo esté impecable. Son ellos quienes, en la soledad de su estudio, se enfrentan a los libros contables —tratando de que los números cuadren — o quienes redactan actas con la paciencia de un escriba antiguo, absorbiendo el tedio administrativo para que el resto de nosotros solo tengamos que preocuparnos por disfrutar de la fraternidad.

Lo que realmente nos llena de admiración es que estos hermanos no buscan el aplauso. No necesitan que se les nombre en cada brindis ni que se les cuelgue una medalla en el pecho. Su compromiso nace de un cariño profundo, casi familiar, por la Logia y por la memoria de quienes estuvieron antes. Si nuestras tenidas fluyen, si hay vino en la mesa y orden en el escritorio, es porque hay manos trabajando en las sombras, llevando sobre sus hombros un peso que no se ve, pero que sostiene todo lo que amamos. Son el motor silencioso que nos empuja hacia adelante cuando el resto estamos demasiado cansados para caminar.

Sin embargo, este tipo de entrega tiene un costo que a menudo ignoramos. Una Logia que se acostumbra al sacrificio de unos pocos es una Logia que camina hacia un abismo de indiferencia. No podemos dar por sentado que "el de siempre" lo hará "como siempre". El desgaste es real y ocurre cuando el hermano que siempre dice "sí" empieza a sentirse solo bajo el peso de la responsabilidad. La verdadera fraternidad no es solo sentarse a la mesa a comer; es notar cuando el que sirve tiene los hombros caídos y ofrecerse a llevar la carga un rato.

Por eso, hoy te pido que mires con otros ojos a esos hermanos que mantienen tu Logia en pie desde la discreción. No esperes a que se cansen para darles las gracias. Valida su tiempo, que es el único recurso que no recuperarán. Ofréceles un abrazo sincero, una mano para cargar las sillas o simplemente quédate con ellos cinco minutos más después de cerrar. Reconoce que en su sacrificio desinteresado, en esas horas robadas al sueño y a la familia, reside la verdadera magia que mantiene nuestras luces encendidas. Porque al final, el Templo más hermoso no es el que tiene las paredes más altas, sino el que se sostiene con el cariño y el respeto mutuo de quienes lo cuidan.


Créditos / Fuente: Buena Vista Lodge No.116