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Lunes, 5 de enero de 2026

El Sabor de la Fraternidad: El Ágape como Expresión Viva de la Masonería

Bro. Karlos Sánchez Speglic
Lunes, 5 de enero de 2026

El Sabor de la Fraternidad: El Ágape como Expresión Viva de la Masonería


Por: Bro. Karlos Sánchez Speglic

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La masonería, desde sus orígenes más remotos, no ha sido únicamente un sistema simbólico o ritual, sino una verdadera escuela de convivencia humana. Entre sus prácticas más constantes, aunque a menudo subestimadas, se encuentra el acto de compartir el alimento. La mesa fraterna ha acompañado a la Orden desde los gremios operativos medievales hasta nuestras logias actuales, como un espacio donde la igualdad y la fraternidad se hacen tangibles.

James Anderson, en sus Constituciones de 1723, recordaba que “un masón está obligado, por su condición, a obedecer la ley moral”. Esa ley no se manifiesta solo en palabras o rituales solemnes, sino también en actos cotidianos de convivencia, como el hecho de sentarse juntos a la mesa. Los antiguos gremios de constructores medievales compartían no solo técnicas y secretos del oficio, sino también el pan diario. Los Statutes of the London Masons de 1356 regulaban la vida colectiva del gremio, incluyendo sanciones y deberes que se cumplían dentro de un fuerte sentido de comunidad. Robert Freke Gould afirmaba en The History of Freemasonry que “la cohesión de los antiguos masones operativos se fortalecía tanto en el trabajo como en la convivencia social”, lo cual incluía claramente las comidas compartidas.

Con el surgimiento de la masonería especulativa en los siglos XVII y XVIII, estas prácticas se transformaron, pero no desaparecieron. El banquete posterior a la tenida se convirtió en un espacio fraternal donde se prolongaba el trabajo simbólico. Albert G. Mackey señalaba que “el ágape masónico no es un simple acto social, sino una institución destinada a cultivar la fraternidad fuera de la logia”.

En la masonería contemporánea, el ágape continúa siendo un pilar de la vida de logia. No existe un menú universal, pero sí un principio común: la igualdad en la mesa. Aquí conviene distinguir entre la Junta Festiva y el Ágape. La Junta Festiva comprende todo el protocolo y la dinámica de la mesa: discursos breves, brindis ordenados, las intervenciones de los Stewart y demás elementos que estructuran la convivencia. En el Ritual de Emulación, la Junta Festiva forma parte de la tenida misma, con una organización sistemática que asegura el orden y la solemnidad del momento. El Ágape, en cambio, es la expresión fraternal que trasciende el protocolo: el acto de compartir el pan y el vino, de acercarse unos a otros en igualdad y fraternidad. Mientras la Junta Festiva regula la forma, el Ágape encarna el fondo: la vivencia de la fraternidad en su dimensión más humana y simbólica.

David Stevenson recuerda que “la fortaleza de la masonería histórica radicó en su capacidad de crear lazos humanos duraderos”, lazos que hoy siguen fortaleciéndose en espacios como el banquete fraternal. El ágape masónico nos recuerda que la fraternidad no se proclama, se practica. Sentarse a la mesa sin distinciones es una lección silenciosa pero profunda: todos somos iguales en dignidad, trabajo y propósito. Así, el acto de compartir el pan se convierte en una extensión natural de nuestros rituales, una obra viva donde cada hermano contribuye a edificar el Templo de la Humanidad.