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Martes, 17 de febrero de 2026

La Fachada del Templo en la era de la Hiperconectividad

Editorial
Martes, 17 de febrero de 2026

La Fachada del Templo en la era de la Hiperconectividad

Por qué nuestra conducta en la red es hoy el anuncio más poderoso de la Institución


Por: Editorial

Desde tiempos inmemoriales, la Masonería ha sido definida como un sistema de moral peculiar, velado en alegorías e ilustrado por símbolos. Durante siglos, la sociedad civil conoció a la Orden por la solidez de sus catedrales, el rigor de su arquitectura y, sobre todo, por la integridad de los hombres que las construyeron. El respeto se ganaba en el silencio del trabajo bien hecho y en la discreción de una vida orientada a la rectitud. Sin embargo, el mundo ha cambiado drásticamente. Hoy, los antiguos muros de piedra han dado paso a los muros de las redes sociales, y las herramientas de construcción ya no son solo el mazo y el cincel, sino también el teclado y la pantalla. En esta era de transparencia absoluta, nuestra verdadera fachada no es la puerta de un templo físico, sino la huella digital que dejamos a nuestro paso.

Ser masón en el siglo XXI implica comprender que la discreción no es un escondite para el individuo, sino una responsabilidad ética frente al colectivo. El mundo exterior, el "profano" en el sentido más respetuoso del término, observa con una mezcla de curiosidad y expectativa a quienes portan los símbolos de la escuadra y el compás. Busca en ellos una brújula de templanza y un oasis de fraternidad en medio del ruido ensordecedor de la modernidad. Cuando un ciudadano cualquiera navega por internet y se encuentra con el perfil de un miembro de la Institución, no ve simplemente a un usuario más; ve a un heredero de una tradición milenaria. Por ello, nuestra presencia en las plataformas digitales debe ser la extensión natural de nuestro trabajo en logia: una búsqueda incesante de la armonía, una defensa férrea de la verdad y un respeto innegociable hacia la dignidad de la condición humana.

La verdadera maestría no se demuestra hoy en la capacidad de imponer una visión personal o de "ganar" una disputa dialéctica en un foro público. Al contrario, la maestría se manifiesta en la facultad de elevar el tono del discurso. En un entorno digital que a menudo premia la inmediatez, el conflicto y la polarización, el masón está llamado a ser un constructor de puentes, no de muros. Cada comentario, cada "me gusta" y cada artículo compartido es una oportunidad para practicar la tolerancia activa. Es un ejercicio de rigor intelectual verificar una noticia antes de difundirla y es un acto de nobleza disentir con elegancia, proponiendo ideas sin herir susceptibilidades. Si la Masonería aspira genuinamente a "hacer mejores a los hombres buenos", ese proceso de perfeccionamiento debe ser palpable en la calidad y la decencia de nuestras interacciones diarias.

Cada vez que participamos en el diálogo global, nos revestimos simbólicamente con un mandil invisible. Lo que publicamos es la "pieza de arquitectura" que entregamos a la sociedad para su examen. Si esa obra está impregnada de cortesía, de equilibrio y de empatía, estamos honrando el legado de los maestros que nos precedieron y asegurando el prestigio de los que vendrán. No se trata de proyectar una imagen de perfección inalcanzable, pues somos humanos y, por definición, imperfectos; se trata de mostrar un compromiso auténtico con el esfuerzo de ser mejores. Un masón en las redes sociales debe aspirar a ser un faro de serenidad, alguien que, incluso en la discrepancia más profunda, reconoce en el otro a un semejante digno de consideración y respeto.

La relevancia y la vigencia de nuestra Antigua Institución en este nuevo milenio no dependen de grandes campañas de comunicación institucional, sino del ejemplo vivo y cotidiano de cada uno de sus integrantes. El supuesto anonimato que ofrece una pantalla no nos libera de nuestros compromisos morales; al contrario, es el escenario donde más se pone a prueba la profundidad de nuestras convicciones. Al final del día, el anuncio más poderoso de la Masonería no es un folleto ni un video publicitario, sino la conducta de un hombre que, consciente de su responsabilidad histórica, elige utilizar su voz para construir, para inspirar y para recordar al mundo que la cortesía, el honor y la fraternidad siguen siendo los cimientos más firmes sobre los que se puede edificar una civilización justa.


Créditos / Fuente: Buena Vista Lodge No.116

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